Del Grupo a la Jauria

Tras varios años de asociacionismo y salidas en grupo con otros fotógrafos, sigue sorprendiéndome la capacidad del ser humano para sucumbir a la llamada de la jauría. Todos nos conocemos y respetamos pero en cuanto aparece un motivo a fotografiar, parece que la vida nos va en ello.

Los organizadores intentan en vano mantener un orden, unas normas, y normalmente sucumben en el intento.

Como si esta fuera nuestra última foto, nos cruzamos frente el objetivo de otros, una vez encontramos un buen encuadre, no lo abandonamos ante nadie. Estas grandes concentraciones sirven para obtener …. alguna que otra foto pero sobre todo para tener fotos con otros compañeros dentro del encuadre y la sensación que fulanito ha cogido un buen sitio. Atrás quedo la idea de que haz tu foto, y deja el sitio a otros. De vigilar que no te cruces y entres en el campo de otro fotógrafo.

Creo que tenemos la concepción de la competitividad en el trabajo. Tengo que obtener la mejor foto para mantener mi trabajo. En lugar de colaborar con todos, luchamos contra todos y estoy seguro que todos obtenemos peores resultados.

Tal vez es por ello que cada vez tengo menos interés en fotografiar en sesiones multitudinarias y grandes eventos. Por interesantes que se planteen prefiero ir a charlar con la gente y no hacer casi fotos. Creo que hemos de aprender, o mejor, re aprender las nociones de respeto. Si para hacer una foto he de fastidiar a otro no vale la pena. Posibilidades de hacer buenas fotos hay a millares. Solo necesitamos buscarlas y disfrutar con ellas.

Los hombres y las feas también tenemos derecho.

Recuerdo que, no hace mucho, durante mi estancia en el “País de Nunca Jamás”, estuve frecuentando a varios fotógrafos de estudio que llegaron a sorprenderme (de hecho casi me asustaron).

Tras repetidas sesiones de estudio de retrato y desnudo femenino, fuimos asaltados por un grupo de fotógrafas que reivindicando la bandera del feminismo nos reprochaban la falta de modelos masculinos en las sesiones.

Como no era nuestra intención, en ningún momento, discriminar a nadie, se procedió a organizar algunas sesiones con modelos masculinos. El resultado fue de lo más curioso; por un lado los habituales fotógrafos asistentes a las sesiones, no se personaron alegando su falta de interés por ese tipo de sesiones; y por otro la horda de fotógrafas que se quejaron, tampoco aparecieron. Esta experiencia, lejos de ser puntual se repitió en otras ocasiones viéndose repetido el mismo resultado; causando, por tanto el regreso al sistema previo de las sesiones de modelos femeninas.

Desde entonces y, de regreso a Oz, he estado siguiendo el trabajo de varios fotógrafos y estudios y, sin duda, he podido apreciar que no era un hecho aislado. Rara vez, hablando con “expertos” en fotografía de estudio, puedo encontrar compañeros que estén tan cómodos con la fotografía de hombres como de mujeres.

Rizando el rizo, encuentro frecuentemente “fotógrafos” que dicen trabajar con muchas modelos es sus estudios y, tras ver sus galerías fotográficas, descubres que todas están talladas por las mismas y estrechas características morfológicas. Hablando en “Roman Paladino” se podría decir que solo saben fotografiar rubias de generosas curvas, por poner un ejemplo.

Rechazan a modelos por su aspecto y no se molestan en descubrir si son expresivas y saben hacer algo más que unas posturas sexys, etc. He llegado a trabajar con modelos altamente recomendadas por estos colegas y tras pedir (o al menos intentar) que quería fotografiar una expresión de tristeza, alegría, sorpresa, miedo etc. he conseguido una serie de fotografías con la misma cara (inexpresiva; guapa, sí, pero… inexpresiva).

Si lo que queremos es fotografiar un cuerpo que incite más que sensualmente, adelante. Pero si nuestra intención es conseguir una fotografía que exprese algo más, que nos evoque una historia sólo con la mirada, el gesto, la expresión…. aún nos falta mucho por aprender.

Rechazar una sesión simplemente porque el modelo es masculino (sin ver tan solo una fotografía del modelo) es casi insultante para la profesión. Ser un fotógrafo de rubias de ojos azules y silueta escultural es, tal vez, demasiado fácil. No necesitamos grandes medios para obtener una imagen seductora, pero sosa y predecible.

Fotografiar a un anciano o a una señora de mediana edad y sacarle partido a sus arrugas de expresión es ya más complicado. No hay que enfrentarse a las sesiones con el famoso estado de “vamos a ver cómo está la chica para ver si nos interesa la sesión”. Seamos capaces de plantearnos es estado de “vamos a la sesión para ver cómo me las ingenio, y cómo he de trabajar para sacar el mejor partido de la sesión”.

Debo decir que esta forma de encarar la sesión me ha facilitado grandes alegrías; los retos a veces son difíciles pero nunca he salido desilusionado. He aprendido mucho más al enfrentarme a este tipo de fotografías, ya que he tenido, no sólo que analizar qué posturas le indico al / a la modelo en cuestión, sino que he tratado de buscar cómo tengo que procesar para destacar ese carácter, esa expresión que quiero destacar.

Como comentaba al principio ojalá estas actitudes tan sólo se dieran en el lejano “País de Nunca Jamás”. Por desgracia veo las mismas actitudes a mí alrededor. No permitamos que se extienda.

Los hombres y las feas también tienen su rincón en el mundo de la fotografía. Y francamente en fotografía puede que haya hombres y mujeres pero en mi opinión, no hay feas; tan solo hay personas que no han encontrado un fotógrafo que sepa mostrar su verdadera belleza.

Sepamos buscarla.

Fotógrafo de Naturaleza vs Fotógrafo de Bodas.

Hace ya mucho tiempo la gente creía que los fotógrafos tienen especialidades que los diferencian entre ellos y que raramente se parecen. Pero si escarbamos en lo más profundo vemos que las distintas especialidades son más parecidas de lo que parecen, y si no veamos una serie de consejos que un fotógrafo de naturaleza le dio en Oz a un fotógrafo de bodas.

  • Antes de emprender una expedición (reportaje) planifica cuales van a ser tus movimientos, recorre si es posible el escenario en el que te vas a mover, estudia a tus presas para saber con antelación que van a hacer (o que suelen hacer en estos casos), averigua como va a ser la luz y en que condiciones vas a poder trabajar. No des nada por supuesto.
  • Planifica los desplazamientos y los tiempos. La presa y sus costumbres no modificaran sus hábitos por ti y no siempre es fácil llegar a los sitios en que vas a fotografiar. A veces será necesario que cuentes con un chofer como ayudante para evitar el problema del transporte.
  • Prepara tu material y asegúrate que tus colaboradores hacen lo mismo. Asegúrate que haya más de una cámara en los momentos cruciales ya que raramente se van a repetir. Ten baterías y tarjetas (o carretes) de sobras. Asegúrate que puedes tener el material a mano en todo momento.
  • Camúflate en el entorno. Si destacas serás el foco de atención y no podrás captar el verdadero punto de interés.
  • Cuando todo tu entorno concentra tu atención en un punto, asegúrate de si es más importante también captar tu atención a dicho punto o por el contrario lo mejor es captar a los sujetos en su concentración por ello.
  • Ten previsto el avituallamiento. Las sesiones son largas y el entorno no descansa para que tú puedas comer o beber. Lo tendrás que hacer sobre la marcha y controlando que ello no impida una buena toma.
  • Asegúrate que tu avituallamiento sea suficiente pero que te aletargue. Hidrátate y mantén tu energía para tu trabajo.
  • Si la acción se ralentiza, no pierdas la paciencia y recuerda que “la función no acaba hasta que canta la gorda” (refranero popular). Ten siempre la cámara a punto ya que en todo momento puede saltar liebre.
  • Cuando tengas que acabar, retírate (cámara en mano) y al llegar fuera de la zona guarda el material y no vuelvas atrás. Te encontrarías con nuevas posibles fotos, situaciones que no habías visto, y mil historias que te harían la sesión inacabable. Hay que saber cuando terminar.

Sabios consejos de los Fotógrafos del Mundo de Oz. Creo que se pueden aplicar a más de una especialidad. Seguiremos en contacto con Oz y su filosofía de trabajo.